Vivir en el umbral, sobre “Febrero” de Bernardita Muñoz – Por Jaime Ahumada Ruiz

Vivir en el umbral, sobre “Febrero” de Bernardita Muñoz

Se le atribuye a Rilke, el mítico poeta austrohúngaro, la frase que dice que la patria verdadera es la infancia, en la que precisa aún más: “la única patria feliz, sin territorio, es la conformada por los niños”. A grandes rasgos, son dos las ideas que podemos desprender de estas sentencias:  es en la infancia donde se encuentran nuestras raíces y cimientos en tanto personas, es aquel el espacio y el tiempo al que nos debemos, y, que dicho espacio es el único en el que puede existir la felicidad plena, una sincera libertad sin ataduras. En cuanto a la primera, resulta difícil contradecirla. Podrían hacerse reparos en minucias que no terminarían por derrumbar la máxima establecida. En la segunda, sin embargo, los cuestionamientos se permiten asentarse y aflorar. ¿Es la infancia sinónimo de felicidad? Sin duda debería serlo, y con más potencia que en el resto de la vida, pero ¿se trata de algo real? La idea de que los niños son libres y felices nace de un manto de pureza que tendemos sobre ellos y su mundo, ajeno al de las preocupaciones adultas. Si consideramos que ese manto es real, lo cierto es que el tiempo tarda poco en desvanecerlo.

En Febrero de Bernardita Muñoz, publicado en enero de este año por Ediciones Overol, seguimos a Rita, una niña de clase alta que vacaciona junto a su familia en el litoral central durante el periodo de la dictadura militar en Chile. Rita crece, se desenvuelve y cuestiona el ambiente de su familia y aquella playa, siempre observando cómo las historias de quienes viven y veranean allí se van entretejiendo. Desde su lugar, Rita puede ver cómo dos mundos, divididos por la clase, se entrecruzan y mezclan, tensionando a todos quienes por algún motivo, como ella, puedan llegar a encontrarse en un espacio gris. Muñoz, quién ha desarrollado una trayectoria en la literatura infantil y juvenil, y se mueve libremente en la investigación entre la psicología educacional y la literatura, presenta en este libro un recorrido por espacios comunes de la memoria que no sólo hacen dialogar presente y pasado, sino también al cuerpo con su contexto; es una cuidadosa búsqueda por encontrar y entender un espacio propio en una red más amplia, que pareciera no acabar.

Desde un primer momento, Febrero pone en cuestión el manto de pureza que cubriría a la infancia. La idea de la “no contaminación” de las y los niños por las preocupaciones adultas —como si estos caminaran con un traje anti radiación y tapones en los odios por el mundo— se rompe de inmediato, ya que Rita, pese a su corta edad, es sumergida en las expectativas de distinción que su familia pone sobre ella: “Cada vez que la peina, la mamá le dice que parece una rota. Que está mal hecha”. Luego de esto, Rita ya no puede moverse ligera por la vida, como una pequeña criatura inocente. Su ser queda marcado, ya permanentemente, por la diferencia; no todas las personas son iguales y ella debe saber ocupar su lugar, “si no hace caso arriesga a que la confundan con la hija de la nana”. Lo que de allí en adelante sigue, es un deambular por las intersecciones al ritmo del paso pausado de quien disfruta sus vacaciones, mientras puede ver al mundo continuar su vertiginoso movimiento, salpicándose de su adrenalina.

El espacio físico posee una importancia fundamental en este andar: las playas, el Club de Yates, las casas con todas sus sutilezas y detalles. A los ojos de Rita, cada lugar se vuelve una extensión de quienes lo habitan, encontrándose tan arraigados en sus personajes como estos en él. Mientras en el Club de Yates se trata siempre de las marcas, la jerarquía y el dinero, en la casa barco todo es amor, y en el taller mecánico y las playas se nota la división de clase. Cada casa, cada calle y rincón de ese lugar es una biblioteca de signos con los que el orden del mundo comienza a develarse, algunas veces más tímido y silencioso, como una señal que solo está allí para quienes quieran divisarla, y otras más de golpe, haciendo evidente la distancia que existe entre unos y otros, sin hacer ningún tipo de apologías. Esta tensión constante, empapada de la nostalgia con la que hila el relato, en algunos momentos encantadora, en otros de una tenue tristeza devastadora, termina por volverse la gran protagonista, dejando a los personajes casi en segundo plano y a Rita como un filtro, pero sin nunca olvidar que esos edificios se levantan y derrumban, cobran vida, por quienes los moran.

Otro elemento que se hace necesario destacar es el peso que cada personaje trae consigo; no existe persona alguna que se introduzca sin motivo, que sobre dentro del relato o que no  presente un matiz que expanda o complejice el cerrado mundo que los padres de Rita, en especial su madre, han intentado delimitar para ella. Todos son frutos de su propia historia, y todos comparten una búsqueda, que podríamos catalogar de universal, por el arraigo, los cimientos, las raíces. Ahora, esas raíces no siempre se afianzan en la tierra; lo hacen en lugares, personas e incluso ideales de vida propios o heredados que permiten que el momentum de sus pasos continúe. La historia muestra cómo estas raíces se enfrentan con otras, se ven obligadas, incluso dentro de las familias, a mediar y consensuar sus espacios y formas para conformar un ambiente, que también se permite moldear a partir del conflicto y de lo no dicho, siendo la amenaza de la incertidumbre la tierra que las une.

Si bien se narra desde un lugar de privilegio, y con la comodidad que este permite, Febrero presenta el avance hacia la adultez a través de un entendimiento propio del entorno, caracterizado por la identificación de matices. Con ritmo pausado, la narración se aventura en la exploración no de un lugar dual, o dividido, sino híbrido, reflejo de una realidad que se lee a partir de distintos códigos que se encuentran y desencuentran. Muñoz presenta un libro que, recurriendo casi únicamente al cotidiano, resulta emocionante y evocador.

Por Jaime Ahumada

Libro: Febrero

Autorx: Bernardita Muñoz

Editorial: Overol

2023

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